Por DAISAKU IKEDA Para que un niño desarrolle una personalidad independiente, es necesario a veces disciplinarlo, y a veces que siga su propio camino.
Yo amo ver el crecimiento de los jóvenes cuando son rectos, verdaderos y prometen, tienen toda la vida por delante. Y es a ellos a quienes se les confía el futuro. Por consiguiente, los tomo muy en serio. Por la causa de la humanidad en el siglo XXI, quiero ayudar a los niños de hoy a expandir el tesoro de sus corazones tanto como sea posible.
Siento que "los tesoros del corazón" son los más grandes obsequios posibles de los padres a sus hijos. Algunos padres pueden desear garantizar la felicidad de sus niños dándoles riqueza material. No importa cuán adinerados sean, sin buena salud y fuerza física, los niños no podrán vivir una vida feliz. Por encima de todo, creo que son "los tesoros del corazón" (cualidades como fuerza espiritual, carácter y humanismo) los que asegurarán la verdadera felicidad de un niño.
Veo la crianza de los niños como un proceso de guiar a un adulto joven a desarrollar la fortaleza para levantarse y caminar con sus propios pies. Así, cuando de cara a un niño, siempre le ofrezco mi respeto como a una persona independiente. Un niño es un individuo con personalidad diferente, e incluso la relación entre el padre y el niño es finalmente una relación entre dos individuos.
Algunos niños son muy considerados y siempre de profundo pensamiento. Otros pueden estar buscando a alguien con quien pelear. Otro siempre está corriendo a la cocina por algo que comer. Otros no pueden resistirse a garabatear en todo lo que ven. Hay miles de tipos diferentes y cada uno tiene intereses diferentes. Los padres deben intentar anticiparse a las diferentes direcciones en las cuales la individualidad de un niño puede dirigirse, y una y otra vez hacer todo lo posible para brindarles el mejor ambiente para su desarrollo.
Los niños son muy sensibles, yo siempre siento que es poco generoso y tonto hacer comparaciones entre ellos. El budismo enseña simplemente que las flores del cerezo son flores de cerezo, y las flores del ciruelo son flores de ciruelo, cada persona tiene un carácter totalmente único. Los niños necesitan crecer a su propio ritmo y de una forma verdadera para ellos mismos.
Nada anima más el crecimiento de los niños que saber que son comprendidos y tienen la confianza de sus padres, tal como lo ilustra esta historia sobre el gran escritor y poeta francés Víctor Hugo. El hombre que vivía al lado de la familia del joven Hugo, tenía un gran árbol de manzanas, y decidió construir un cerco alrededor de él para que los niños no pudieran tomarlas. La madre de Hugo le dijo: "si usted está construyendo el cerco para mantener a mi hijo lejos, no necesita molestarse." El hombre continuó vigilando, pero el muchacho nunca se acercó al árbol. Me impresionó que la madre de Hugo conociera tan bien el carácter de su hijo.
Para que un niño desarrolle una personalidad independiente, es necesario a veces disciplinarlo, y a veces que siga su propio camino. Desde mi punto de vista, lo estricto se aplica mejor a edad temprana, y a medida que el niño crece debe dejársele ejercer cada vez más su juicio independiente de cómo comportarse.
Por lo menos, en Japón se hace lo contrario con demasiada frecuencia. Cuando es pequeño, el niño se mima de forma consistente, y entonces después se hace un esfuerzo súbito y frenético para controlarlo. Pero ya es demasiado tarde. Un niño nunca desarrollará un sentido de auto confianza de esta manera.
Yo no pienso que los niños son débiles y frágiles por principio, creo que incluso, un recién nacido posee un inmenso potencial sin manifestar. Yo oí que un bebé, incluso sin ninguna lección de natación, puede nadar instintivamente en el agua. Quizás es la sobreprotección de los padres lo que realmente reprime el potencial de un niño, haciéndolo débil al punto que pierde las habilidades una vez adquiridas y la fuerza necesaria para nadar en el inmenso océano llamado "vida."
Temiendo que sus niños puedan mojarse con una ola pequeña, algunos padres se asegurarían que incluso no se acercaran al agua, y otros pueden intentar escudarlos y protegerlos mojándose ellos. Imagínese todo lo asustado y desprotegido que puede volverse el niño cuando de repente es arrojado en el inmenso océano. ¿Qué le pasará después de que crezca y sea barrido por las olas aplastantes del mar de la vida, y encuentre que nadie está allí para intervenir en su ayuda?
Ser padres significa para mí, ayudar a un niño a desarrollar su propia fuerza para luchar, desafiar y vivir. "Sí usted ama a su niño, lo ayuda a levantarse con sus propios pies y envíelo a una jornada de aprendizaje" era un concepto popular en el viejo Japón. Esta era la antigua forma en que los padres educaban a sus niños. Si la habilidad para enfrentar las dificultades de la vida es el centro de crianza, no hay ninguna necesidad de preocuparse si los niños de uno manejarán bien sus vidas.
Tristemente, sin embargo, algunos padres intentan usar a sus niños como un medio de expresión a su propia vanidad y orgullo, intentando forzarlos en algunos moldes preconcebidos que ellos consideran deseables. Ésta no es una visión bonita, y corren un grave riesgo de destruir completamente la individualidad del niño. Si un padre no piensa en los sueños del niño, sino en los propios, el resultado será algo tan artificial como el árbol enano en un arreglo de Bonsái.
Es crucial que un padre entienda la manera como funciona la mente del niño. Cuándo él hace tan importante pregunta "¿Por qué?" y lo regaña, o le responde algo para que se calle, la pureza del espíritu del niño será manchada. Uno de los aspectos más cruciales de criar a un niño es cómo contestar esta pregunta tan frecuente. En principio los niños esperan que sus padres les enseñen. Sin embargo, en lugar de responderles inmediatamente, la madre o el padre pueden hacer una pausa y pueden trabajar junto con el niño en lo que podría ser la respuesta. Esto ayudará a cultivar el poder de razonamiento del niño.
La influencia positiva de padres hábiles se muestra en la vida de Tomás Edison quien inventó la bombilla, la fonógrafo y muchos centenares de otros artículos que nosotros usamos todos los días en la actualidad.
Como todo niño, Tom era curioso. Antes de que él hubiera captado totalmente los principios científicos, quiso crear un globo humano. ¡Él pidió a uno de sus amigos beber una mezcla líquida de ácido tartárico y bicarbonato de soda, pensando que su cuerpo se llenaría de gas y flotaría como un globo! En cambio, por supuesto, su amigo se enfermó y los padres de Tomás, normalmente pacientes, lo riñeron severamente por probar sus experimentos en un ser humano. Edison dijo después que la decepción de sus padres en esa ocasión fue lo que le hizo decidir inventar sólo cosas que serían útiles a la humanidad.
Cuando ella estuvo segura que él efectivamente había aprendido su lección, la madre le compró un libro de ciencias para que pudiera aprender a crear experimentos seguros. Ella no lo riñó simplemente y lo dejó así, más allá de su error ella veía su talento y estimulaba cálidamente el desarrollo de ese talento. Más tarde, después de sólo tres meses en la escuela, fue retirado por ser un aprendiz lento, pero su madre lo enseñó todos los días en casa y pronto las personas estaban llamándolo genio. Su inteligente inventiva se nutrió del gran amor de sus padres.
Si los padres pueden criar a sus niños de una manera que desalienten el ensimismamiento y alientan la apertura de mente, entonces esta amplitud de espíritu se desarrollará forma natural en una calidez de corazón dirigida hacia otros, hacia la naturaleza y hacia el universo. Y con tales jóvenes, estoy seguro que el mundo se volverá un lugar mejor.
Derechos Reservados © Soka Gakkai
jueves, 5 de noviembre de 2009
PRIMER, MEDIO Y ULTIMO DIA DE LA LEY
PRIMER DIA DE LA LEY .- (En japones Shosho) Primer milenio posterior a la muerte de Shakyamuni, este periodo presencio la propagación del Budismo Hinayana y mas tarde del Mahayana provisional.
DIA MEDIO DE LA LEY.-
(En japones Zoho) segundo milenio posterior a la muerte de Shakyamuni, durante este periodo el Budismo Mahayana se propago mas allá de la India , China, Corea y el Japón ; y si bien se estableció firmemente en la sociedad, con el tiempo se volvió ritualista y dejo de satisfacer las necesidades del pueblo. ULTIMO DIA DE LA LEY .-
Periodo que comenzó dos mil años después de la muerte de Shakyamuni, cuando las enseñanzas pierden la capacidad de salvar a la gente del sufrimiento. Se dice que dura diez mil años mas Los budistas japoneses de la época de Nichiren creían que el Ultimo Día de la Ley había comenzado en 1052.
DIA MEDIO DE LA LEY.-
(En japones Zoho) segundo milenio posterior a la muerte de Shakyamuni, durante este periodo el Budismo Mahayana se propago mas allá de la India , China, Corea y el Japón ; y si bien se estableció firmemente en la sociedad, con el tiempo se volvió ritualista y dejo de satisfacer las necesidades del pueblo. ULTIMO DIA DE LA LEY .-
Periodo que comenzó dos mil años después de la muerte de Shakyamuni, cuando las enseñanzas pierden la capacidad de salvar a la gente del sufrimiento. Se dice que dura diez mil años mas Los budistas japoneses de la época de Nichiren creían que el Ultimo Día de la Ley había comenzado en 1052.
SOBRE LOS DIOSES BUDISTAS
En el Gohonzon aparecen inscritos diversos "dioses celestiales y deidades benevolentes": Brahma, Shakra (también conocido como Indra), el dios del sol, el dios de la luna, el dios de las estrellas, la Diosa del Sol, y el gran bodhisattva Hachiman.
A veces ellos son llamados "dioses budistas". En "El verdadero aspecto del Gohonzon", Nichiren escribe: "Iluminados a la luz de los cinco caracteres de la Ley Mística [los Diez Mundos] muestran los atributos majestuosos que poseen inherentemente" (WND, 832).
Estos dioses budistas no son considerados como seres trascendentales o deidades sobrenaturales; son expresiones metafóricas de las funciones positivas de nuestro medio ambiente que afirman la vida, son las expresiones externas de la propia Budeidad manifiesta.
El capítulo "Prácticas pacíficas" del Sutra del Loto muestra a Shakyamuni explicando que "los seres celestiales, por el bien de la Ley, día y noche, constantemente, los defenderán y protegerán" (LS14, 206) a quienes prediquen la Ley.
El capítulo "Dharani" dice que incluso las deidades malévolas como la Madre de las Diez Hijas Demonios y las hijas rakshasa -que usualmente representan el mundo de los espíritus hambrientos- prometen proteger a aquellos que abracen el sutra (LS26, 310-11).
Los dioses budistas no poseen voluntad propia, malévola o altruista. Estas funciones positivas se manifiestan en nuestro medio ambiente en respuesta a la poderosa fuerza vital del Buda que emerge desde las profundidades de nuestra vida. Nichiren escribe: "La naturaleza fundamental de la iluminación se manifiesta como Brahma y Shakra, mientras que la oscuridad fundamental se manifiesta como el demonio rey del sexto cielo" ("El tratamiento de la enfermedad", WND, 1113). Nichiren enfatizó que nuestra condición de vida iluminada activa las funciones positivas del medio ambiente, así como nuestra ilusión inherente provoca sus funciones negativas. De esta manera, quienes tienen malas intenciones y cometen actos malvados no pueden activar las funciones positivas de los dioses budistas.El Daishonin revela el requisito esencial para provocar las funciones positivas de los dioses budistas: "En el octavo volumen de Gran concentración e introspección y el octavo volumen de los Comentarios sobre 'Gran concentración e introspección' dice, 'Mientras más firme la fe, mayor es la protección de los dioses'.
Esto significa que la protección de los dioses depende de la firmeza de la fe. El Sutra del Loto es una fina espada, pero su poder depende de quien la esgrime" ("General Tigre de Piedra", WND, 953). La protección de los dioses budistas, como nos lo recuerda con frecuencia Nichiren, es para aquellos que siguen adelante con una fe firme en la Ley Mística.
A veces ellos son llamados "dioses budistas". En "El verdadero aspecto del Gohonzon", Nichiren escribe: "Iluminados a la luz de los cinco caracteres de la Ley Mística [los Diez Mundos] muestran los atributos majestuosos que poseen inherentemente" (WND, 832).
Estos dioses budistas no son considerados como seres trascendentales o deidades sobrenaturales; son expresiones metafóricas de las funciones positivas de nuestro medio ambiente que afirman la vida, son las expresiones externas de la propia Budeidad manifiesta.
El capítulo "Prácticas pacíficas" del Sutra del Loto muestra a Shakyamuni explicando que "los seres celestiales, por el bien de la Ley, día y noche, constantemente, los defenderán y protegerán" (LS14, 206) a quienes prediquen la Ley.
El capítulo "Dharani" dice que incluso las deidades malévolas como la Madre de las Diez Hijas Demonios y las hijas rakshasa -que usualmente representan el mundo de los espíritus hambrientos- prometen proteger a aquellos que abracen el sutra (LS26, 310-11).
Los dioses budistas no poseen voluntad propia, malévola o altruista. Estas funciones positivas se manifiestan en nuestro medio ambiente en respuesta a la poderosa fuerza vital del Buda que emerge desde las profundidades de nuestra vida. Nichiren escribe: "La naturaleza fundamental de la iluminación se manifiesta como Brahma y Shakra, mientras que la oscuridad fundamental se manifiesta como el demonio rey del sexto cielo" ("El tratamiento de la enfermedad", WND, 1113). Nichiren enfatizó que nuestra condición de vida iluminada activa las funciones positivas del medio ambiente, así como nuestra ilusión inherente provoca sus funciones negativas. De esta manera, quienes tienen malas intenciones y cometen actos malvados no pueden activar las funciones positivas de los dioses budistas.El Daishonin revela el requisito esencial para provocar las funciones positivas de los dioses budistas: "En el octavo volumen de Gran concentración e introspección y el octavo volumen de los Comentarios sobre 'Gran concentración e introspección' dice, 'Mientras más firme la fe, mayor es la protección de los dioses'.
Esto significa que la protección de los dioses depende de la firmeza de la fe. El Sutra del Loto es una fina espada, pero su poder depende de quien la esgrime" ("General Tigre de Piedra", WND, 953). La protección de los dioses budistas, como nos lo recuerda con frecuencia Nichiren, es para aquellos que siguen adelante con una fe firme en la Ley Mística.
CUERPO Y MENTE
Por DAISAKU IKEDA
Una vida constructiva y preocupada por los demás en la cual uno siempre es creativo, y avanza y abre a nuevos escenarios, es una vida verdaderamente sana.
La buena salud es un deseo universal de los seres humanos. Aunque uno tenga mucha riqueza y poder, esto es algo que, sin buena salud, no se puede disfrutar. La salud es nuestra más preciada posesión.
Es algo que sé por experiencia. Desde temprana edad sufrí por causa de una salud débil y con el tiempo contraje tuberculosis. Mis condiciones empeoraron tanto que a veces parecía ser que con suerte, tal vez, llegaría a cumplir 30 años.
Mi familia no podía costearse el hacerme ver de un médico para que recibiera un tratamiento regular y como además había una terrible escasez de comida, no podía alimentarme bien. Todo lo que podía hacer era tratar de cuidar mi propia salud, sobre la base de lo que encontraba en una revista llamada Consejero de Salud.
El haberme enfrentado a la posibilidad de una muerte temprana me permitió percatarme de lo valioso que es cada momento de la vida. Fue así que me determiné a lograr todo cuanto pudiera mientras estuviera vivo sin perder un minuto y ha sido gracias a mi enfermedad que me he visto motivado a extraer de cada día de mi vida el valor de una semana o un mes.
Me siento feliz de poder decir que recientemente cumplí setenta años y que gozo de buena salud. Pero me siento agradecido que mi propia experiencia de salud me ha ayudado a comprender los sentimientos de quienes están enfermos.
Además del dolor físico, los sentimientos de una persona enferma son siempre vacilantes. Las cosas más pequeñas pueden afectarlas y sus pensamientos muestran la tendencia a ser pesimistas. Quienes están enfermos siempre tienen que luchar contra el tormento, preguntarse a sí mismos sobre su enfermedad y sobre cuándo se recuperarán.
Siento que quienes están al lado de un enfermo deberían cuidarse de no contestar todas las expresiones de angustia con un “no te preocupes” o “no sigas”. En vez de siempre tratar de levantarle los ánimos al enfermo, escuche con paciencia lo que esa persona le quiera decir. Reconózcale sus temores. El sólo saber que lo que uno siente es reconocido suele ser de gran alivio. Esto tal vez sea más fácil de comprender para quien ha sufrido una enfermedad.
Debido a que la enfermedad puede forzarnos a que nos hagamos un examen de nosotros mismos, de nuestra propia existencia y de nuestra propia vida, puede ser que, en realidad, la enfermedad sea una importante y valiosa fuente de motivación. En la medida en que nos esforzamos por vivir y recuperar la salud, nos vemos ante la reflexión sobre preguntas tan fundamentales como “¿Vivir para qué?” y “¿Tener salud con qué objeto?”
Según las palabras de un escritor suizo: “Así como un río que fluye agita la tierra y enriquece los campos, la enfermedad agita y enriquece el corazón de todas las personas. Aquél que verdaderamente comprende la enfermedad y sobrevive a ella, se vuelve más profundo, más fuerte y más grandioso y, además, capta ideas y creencias que antes le eran incomprensibles.
La lucha con la enfermedad nos hace comprender la vida humana con mayor profundidad y nos capacita para que desarrollemos verdadera fortaleza interior. En este sentido, la enfermedad no es algo de lo que haya que avergonzarse. Lo importante es no permitir que la enfermedad nos robe lo mejor de nosotros.
Tuve el privilegio de conocer a Norman Cousins quien escribió varios libros sobre la enfermedad y sobre cómo sobrepasarla. Cuando Cousins tenía 49 años cayó presa de la enfermedad del colágeno, posteriormente cuando tenía 65 años, padeció de una enfermedad cardíaca. A pesar de ello, logró sobrepasar ambas enfermedades y regresar del umbral de la muerte.
Cuando fue atacado por la enfermedad del colágeno, su médico le dijo que sólo tenía una entre quinientas posibilidades de recuperarse totalmente. La reacción del señor Cousins, según aparece en su obra Una anatomía de la enfermedad fue: “Me quedó muy claro que si yo iba a ser ese uno entre quinientos, lo mejor sería que me decidiera a no limitarme a ser un observador pasivo.”
Con la captación y cooperación de su médico, Cousins logró probar un extraordinario nuevo tratamiento. Como resultado, resultó ganador al vencer una enfermedad que, por lo general, es fatal. Aunque su médico cooperó con él y lo ayudó, fue la gran fuerza de su voluntad de vivir lo que en realidad produjo este “milagro”.
Otro punto que el señor Cousins destaca es que, a pesar del hecho de que nuestro cuerpo está dotado, de un modo natural, de fuertes poderes autocurativos, demasiados pacientes toman la decisión de que no está en sus manos curar su enfermedad.
A este respecto el señor Cousins escribe lo siguiente: “He aprendido a jamás subestimar la capacidad de la mente y el cuerpo humano para regenerarse, aun cuando las perspectivas luzcan desastrosas. La fuerza vital puede que sea la fuerza menos comprendida en el mundo.”
Así solía decir el señor Toda, mi maestro, el cuerpo humano es como una gigantesca industria farmacéutica, capaz de producir el medicamento requerido para combatir cualquier enfermedad. El señor Toda comprendió que la medicina moderna apenas está comenzando a hacer uso de los extraordinarios poderes curativos del cuerpo y la mente del ser humano.
Más que nada, creo que es la esperanza lo que libera estos poderes curativos. Esto es algo que cada persona puede hacer brotar desde adentro. Si las personas que están cerca de un paciente son optimistas de un modo natural y no forzado, esto puede también ayudar a guiarlo hacia la esperanza, hacia la vida y la recuperación. La influencia que ejercen unas personas sobre otras, toma formas imperceptibles y hay una especie de “fuerza gravitacional” en las emociones.
De igual modo, para que un tratamiento médico funcione debe haber una relación de confianza entre el paciente y su médico. Los seres humanos no somos máquinas y el tratamiento para una enfermedad no es equivalente a la reparación de una pieza de un equipo mecánico. Desde tiempos ancestrales el budismo ha enseñado que el cuerpo y la mente, y que el individuo y la sociedad están profundamente interconectados y, hoy en día, más y más personas se están dando cuenta que los aspectos psicológicos y sociológicos de la salud no pueden ser ignorados.
Creo que la sabiduría es un factor clave para mantener la salud y para prevenir las enfermedades antes de que ocurran. De igual modo, en mi opinión, si uno comienza a sentir que ayudar a los demás es una carga, tanto nuestra mente como nuestro cuerpo pueden estancarse y volverse vulnerables a la enfermedad.
Si yo tuviera que proponer cuatro principios básicos para la salud, éstos serían los siguientes: 1) Descansar y dormir lo suficiente; 2) Caminar regularmente; 3) Evitar el enfado y el mantenerse enfadado y 4) No comer demasiado. Aunque esto pueda parecer simplista, son aspectos muy básicos y muy importantes.
La salud es mucho más que, simplemente, no enfermarse. Es un estilo de vida pleno de sabiduría, balance y esperanza, una vital armonía de cuerpo y mente. Una vida constructiva y preocupada por los demás en la cual uno siempre es creativo, avanza y abre a nuevos escenarios, es una vida verdaderamente sana.
Derechos Reservados © Soka Gakkai
CREAR DELIBERADAMENTE EL KARMA APROPIADO
Por años, me sentí confundido por lo que veía como una dicotomía en las enseñanzas del Budismo de Nichiren Daishonin. En sus escrituras, Nichiren Daishonin nos asegura que, basados en nuestra práctica budista, disfrutaremos de “paz y seguridad” en esta existencia y de “buenas circunstancias” en la próxima (The Writings of Nichiren Daishonin, pág. 681). También dice que es debido a nuestras incontables acciones buenas en remoto pasado que podemos abrazar la fe en el Gohonzon en esta existencia.
Si fuese cierto que nuestra conexión con la Ley Mística de Nam-myoho-renge-kyo se extiende profundamente en el pasado infinito, tal como lo indican tanto el Sutra del Loto como Nichiren Daishonin, yo me preguntaba, ¿por qué tantos de mis amigos miembros de la SGI estaban luchando con dificultades y problemas tan extremos? ¿Dónde estaba la buena fortuna que, su supone, habían acumulado?
El capítulo “Maestro de la Ley” del Sutra del Loto ofrece una explicación profunda:
“Rey de la Medicina... debéis comprender que estas personas voluntariamente renuncian a la recompensa que merecen por sus acciones puras y, después de que yo haya entrado en la extinción, por misericordia hacia los seres vivientes, nacen en este mundo maligno para poder exponer ampliamente este sutra” (The Lotus Sutra, trad. Por Burton Watson, págs. 161-62).
En sus Comentarios sobre las palabras y frases del Sutra del Loto, el erudito budista chino Miao-lo utiliza la frase “crear deliberadamente el karma apropiado” (The Writings of Nichiren Daishonin, pág. 243) para describir este concepto.
En “La apertura de los ojos”, Nichiren Daishonin también trata este concepto:
“Cuanto más se ensañan conmigo las autoridades, mayor es mi alegría. Por ejemplo, hay ciertos bodhisattvas del Hinayana, aún sujetos a la ilusión, que generan sobre sí mismos un karma negativo a través de su propio juramento misericordioso. Si ven que su padre y su madre han caído en el estado de Infierno y se encuentran sufriendo de un modo atroz, ellos deliberadamente crean el karma apropiado en la esperanza de caer también en el Infierno para compartir su sufrimiento y cargarlo sobre sí mismos. De tal suerte, ellos encuentran alegría en el sufrimiento” (The Writings of Nichiren Daishonin, pág. 243).
Cuando el presidente de la SGI Ikeda visitó a Sonia Gandhi en la India, después del asesinato de su esposo, el primer ministro Rajiv Gandhi, le dijo a ella “Realmente espero que pueda cambiar su triste destino por una causa para realizar una importante misión en la India”. Esta conversación aparece reproducida en el libro The Wisdom of the Lotus Sutra, vol. 2 (pág. 84). Aquí también explica que la grandeza de Rajiv Gandhi surge de su amor por el pueblo de la India.
Él escribe: “Ni siquiera el bombardeo terrorista que le arrebató la vida (en mayo de 1991) pudo haber destruido el amor por el pueblo que ardía en el corazón de Rajiv Gandhi. Yo creo que el pueblo tiene una misión que realizar, que trasciende la vida y la muerte. Las vidas de las personas que abrazan una misión a la cual pueden dedicarse sinceramente y por la que incluso pueden estar deseando morir son sublimes” (The Wisdom of the Lotus Sutra, vol. 2, pág. 84).
Como practicantes del Budismo de Nichiren Daishonin lo más importante a recordar –especialmente cuando afrontamos dificultades y problemas– es que poseemos una profunda misión como Bodhisattvas de la Tierra. En lugar de ver nuestras circunstancias desafortunadas simplemente como “mal karma”, nuestros esfuerzos, independientemente de lo difíciles que sean, son en realidad el suelo donde debe enraizar nuestra gran misión.
“Ver los sufrimientos simplemente como karma es ”mirar hacia atrás”, escribe el presidente Ikeda en The Wisdom of the Lotus Sutra, vol. 2 (págs. 208-09). “Debemos tener la actitud de “Estos son sufrimientos que acepto por la causa de mi misión. Yo juré superar estos problemas mediante la fe”.
“Cuando entendemos este principio de ‘crear deliberadamente el karma apropiado’”, continúa él, “nuestra estructura mental se transforma; y lo que previamente habíamos visto como destino, llegamos a verlo como misión. No existe manera, en absoluto, para que no podamos superar los sufrimientos que son el resultado de un juramento que nosotros mismos hicimos”.
El problema es que si estamos ilusionados en nuestra visión de la vida y somos vencidos por las quejas y los sufrimientos como resultado de nuestros problemas, podemos olvidar nuestro juramento original de salvar a los demás superando nuestro sufrimiento. Y, entonces, podemos no ser capaces de conquistar tampoco nuestro propio sufrimiento.
En La nueva revolución humana, el presidente Ikeda habla a los miembros de la SGI de Brasil, muchos de los cuales eran desesperadamente pobres y se sentían aislados en un país nuevo y enorme, diciéndoles que además de sus esfuerzos tenaces, su “daimoku debe ser una promesa”.
“La oración en el Budismo de Nichiren Daishonin significa invocar daimoku basados en una promesa o juramento. En su esencia, esta promesa es lograr el kosen-rufu.
“Puede que cada uno de ustedes piense que ha venido al Brasil como resultado de sus respectivas circunstancias. Pero ese no es el caso. Ustedes han nacido como Bodhisattvas de la Tierra para lograr el kosen-rufu del Brasil, para conducir a las personas de este país hacia la felicidad y para crear un paraíso eterno en esta tierra. En verdad, han sido elegidos por Nichiren Daishonin para estar aquí” (La nueva revolución humana, vol. 1, págs. 300-01).
Sucede lo mismo con nosotros, independientemente de dónde vivamos o cuáles sean nuestras actuales circunstancias. Una vez que decidimos superar nuestros sufrimientos como una manera de ayudar a los demás a entender la grandiosidad de este Budismo y, de esa manera, conducir a tantas personas como sea posible hacia la felicidad, entonces estaremos cumpliendo el juramento misericordioso que nosotros mismos hicimos en el infinito pasado. Tomar esta clase de determinación y avanzar con coraje es lo más importante.
“Cuando se den cuenta de la gran misión que tienen como Bodhisattvas de la Tierra y dediquen su vida al kosen-rufu, empezará a brillar el sol que ha existido dentro de ustedes desde el tiempo sin comienzo. Todas las ofensas que han cometido en existencias pasadas se desvanecerán como el rocío y emprenderán una vida maravillosa, impregnada de honda alegría y felicidad.
(La nueva revolución humana, vol. 1, págs. 301).
EL PODER DE LAS PALABRAS
Por Daisaku Ikeda
Una conversación sincera de vida a vida puede suavizar y derretir hasta corazones congelados.Tengo recuerdos intensos de encuentros con personas cuyas voces y palabras me han conmovido a través de los años. Uno de ellos que me viene en mente sucedió durante la visita a la región de Guilin de China, una bella tierra montañosa, con neblina y ríos.Caminando, nos encontramos con dos jóvenes muchachas de 15 ó 16 años, vendiendo hierbas medicinales cerca de un río. Ellas llevaban una cesta llena de hierbas e invitaban a los transeúntes con vibrante voz a comprar sus mercancías. "Ni hao (hola)" las llame. "Ni hao" me sonrieron: "Ofrecemos cualquier tipo de medicina. Escojan las que quieran."Sonreí del buen humor de ellas y pregunté: "¿Tiene algo para ponerme más inteligente?" Se quedaron sorprendidas, pero sólo por un instante: "lo siento, acabamos de vender el último."Nuestro grupo estalló en risas a esa ingeniosa respuesta y sentimos calidez como si una suave brisa primaveral nos hubiera rozado.
Como dice un proverbio chino: "Aun una simple palabra dicha desde la bondad puede entibiar el corazón en el peor invierno".Recuerdo con cariño que mi esposa y yo terminamos comprando hierbas como recuerdo y a veces me pregunto cómo estarán estas muchachas y sus familias.
Creo que el diálogo sincero de vida a vida puede suavizar y derretir hasta los corazones congelados. Hablar con alguien cara a cara puede cambiar la vida de esa persona y la vida de uno mismo.Hoy en día vivimos en medio de un diluvio de información desalmada. Mientras más nos apoyamos en una comunicación unidireccional, como lo es la radio, la TV o la comunicación escrita, más siento la necesidad de insistir en el valor del sonido de la voz humana.
La simple, pero preciosa interacción de voz a voz, persona a persona; el intercambio de vida a vida. Admiro a personas como el gobernador Frivaldo de la provincia de Sorsogon. Me dijo que a menudo se encontraba con su gente de igual a igual. Comparado con la facilidad de presentarse con una imagen artificialmente pulida, hacer este ejercicio puede parecer tedioso. Pero a través de sus pacientes esfuerzos, entiendo que el Sr. Frivaldo haya podido ganarse un verdadero respaldo y confianza.En una conversación cara a cara, el oyente puede formular preguntas o estar en desacuerdo con su interlocutor y esto puede provocar en él que a su vez se ponga a reflexionar sobre sus propios puntos de vista.
El proceso es dinámico y multifacético, creando goce mutuo y entendimiento.Por mi parte, me encanta hablar con todo tipo de gente de todas partes del mundo. Siempre aprendo algo nuevo y encuentro estimulante estar expuesto a diferentes maneras de pensar. Esta es una forma de nutrirse espiritualmente.Mi experiencia ha sido que no importa cuán fuerte puede ser la incertidumbre inicial o la hostilidad que otra persona pueda sentir hacia uno, si se acerca a ella con completa sinceridad y le dice la verdad, ésta le responderá invariablemente de la misma manera.Recuerdo haber sostenido un diálogo con representantes del Islam. Unos amigos trataron de convencerme que sería muy difícil pero sentí que no podíamos tener tales prejuicios. Nunca se sabe lo que se puede lograr antes de haber probado. Sugerí que el diálogo no tenía porque ser sobre la doctrina religiosa. Podríamos empezar hablando de los problemas que todos tenemos como seres humanos, enfocados hacía la cultura y la educación. También podríamos hablar del deseo de paz, algo compartido por la gente en todo el mundo.
Una conversación cara a cara puede parecer muy sencilla, pero en realidad es la más poderosa herramienta que tenemos para generar cambios positivos. Podemos intercambiar ideas en un nivel muy humano y personal con una base de respeto y fe en la bondad esencial del otro.Todos somos iguales y no hay nadie superior o inferior.El escritor francés Montaigne amaba el diálogo y siempre tenía una mente abierta. Él decía: "Ningún planteamiento me sorprende, ninguna creencia me ofende, no importa cuán opuesta pueda ser a la mía." Para él, el diálogo significaba la búsqueda de la verdad, encontrarla y abrazarla sin importar de quien viniera. Como tenemos dos oídos y una sola boca, quizás deberíamos escuchar dos veces más de lo que hablamos. Ciertamente si somos rígidos o prejuiciados nadie se acercará a nosotros con corazón abierto.A veces nuestros intentos para empezar un diálogo pueden ser menospreciados o ignorados.
Debemos recordar que el rechazo y las decepciones son inevitables en la vida y seguir intentándolo. Mantener un diálogo requiere de mucha paciencia y perseverancia. Necesitamos desarrollar un fuerte sentido del yo que nos permita ver claramente las emociones de la otra persona y acercarnos con calma pero progresivamente a sus corazones.El obstáculo más grande para un diálogo exitoso es generalmente el excesivo apego al propio punto de vista. Por ejemplo, un desacuerdo entre un padre y su hijo no puede ser solucionado mientras el padre ve las cosas como padre y el hijo como el hijo.Dentro de un diálogo genuino es mejor si podemos ver cualquier tipo de confrontación como otra forma de conectarnos.
Si padre e hijo pueden verse a sí mismos compartiendo un fin común, -lograr una familia unida- las cosas pueden cambiar sorpresivamente hacia lo mejor. Mientras más elevado sea el sentimiento que nos une, más podremos abrazar a los que difieren de nosotros y asegurar ese diálogo nos llevará hacia una salida fructíferaTanto si el problema viene de una sola familia o de una escala internacional, si los que están involucrados pueden ver las cosas desde una perspectiva elevada, con un propósito común, los engranajes del diálogo se dirigirán hacia una dirección positiva.Si más gente se dedicara a un diálogo de una manera definitivamente abierta, estoy seguro de que los inevitables conflictos de la vida humana conseguirían una solución más fácilmente. Los prejuicios dejarían camino al entendimiento y la guerra a la paz. El diálogo genuino resultará en la transformación de puntos de vista opuestos, transformando las brechas que separan a la gente en puentes que las unen.
LA FE DE LA REVOLUCION HUMANA
[Traducción completa de la entrevista publicada en el número de Invierno 2008 de la revista de budismo Tricycle de los Estados Unidos.] DAISAKU IKEDA
es el presidente de la Soka Gakkai Internacional, la agrupación budista laica más importante del mundo y la más diversa dentro de los Estados Unidos. En lo que constituye una ocasión inusual, Ikeda habla con el editor contribuyente Clark Strand sobre la excepcional historia de su organización, su práctica fundamental, con frecuencia incomprendida, y sobre el verdadero objetivo por el cual oran sus miembros. Los practicantes budistas de la Soka Gakkai, entre los que se cuentan desde celebridades de Hollywood y destacados músicos de jazz hasta personas comunes de todo el mundo, son conocidos por recitar la frase Nam-myoho-renge-kyo. Lo que entonan es el título en japonés del Sutra del loto, que afirma que todos nosotros, sin excepción, podemos alcanzar la iluminación a través de la fe en sus enseñanzas. La Soka Gakkai (Sociedad para la creación de valor) fue fundada en 1930 por Tsunesaburo Makiguchi (1871-1944), educador japonés que basó sus teorías pedagógicas en las enseñanzas de Nichiren, monje budista del siglo XIII que buscó introducir una reforma en la sociedad japonesa mediante las enseñanzas del Sutra del loto. En 1943, valiéndose de la Ley de Preservación de la Paz, el gobierno japonés arrestó a Makiguchi cuando este se negó a subordinarse al sintoísmo estatal con otras escuelas budistas, actitud con la que desafió abiertamente la autoridad del gobierno militarista. Makiguchi murió en prisión un año después. Una vez concluida la guerra, su discípulo Josei Toda (1900-1958) elevó la Soka Gakkai a un nivel sin precedentes, al aumentar extraordinariamente la cantidad de miembros y consolidar la organización en todo el país como un movimiento popular dedicado a la paz y a los derechos de las personas comunes. Al fallecer Toda en 1958, la tarea de propagar las enseñanzas del budismo de Nichiren y de difundirlas dentro de la comunidad internacional recayó en el discípulo de Toda, Daisaku Ikeda (1928-), quien fundó la Soka Gakkai Internacional (SGI) en la isla de Guam, en 1975.
Con doce millones de miembros distribuidos en ciento noventa y dos países y territorios, la SGI es el grupo budista laico más grande del mundo y la escuela budista más amplia y étnicamente diversa de los Estados Unidos, donde sus miembros mantienen reuniones de diálogo en dos mil seiscientos grupos y en casi cien centros comunitarios a lo largo y a lo ancho de la nación.
En el ámbito de los creyentes budistas occidentales, ha habido siempre una clara división entre miembros de la SGI y estudiantes de otras tradiciones basadas en la meditación, como la escuela Zen, la Vipassana y la Vajrayana. Quienes se dedican a esas prácticas conocen muy poco o casi nada sobre la SGI. De modo que cabe preguntar cuál es en definitiva la práctica de la SGI, cuáles son sus enseñanzas y cómo se explica su rápida expansión hacia tantas culturas diferentes alrededor del mundo.
Esta entrevista al presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, la primera concedida a una revista norteamericana, fue llevada a cabo este verano, vía correo electrónico, por el editor contribuyente de Tricycle, Clark Strand, y traducida por Andrew Gebert. La nota es la culminación de un extenso intercambio de dos años con el máximo líder de la SGI acerca del futuro del budismo y la relación de esta filosofía con el diálogo entre religiones y con cuestiones de gran relevancia para la humanidad.
C. S.: La mayoría de los estadounidenses saben muy poco acerca del budismo de Nichiren, salvo que sus seguidores entonan Nam-myoho-renge-kyo, que es el título del Sutra del loto. ¿Podría usted contribuir a que nuestros lectores comprendan el rol de esa práctica fundamental del budismo de Nichiren?
D. I.: Nichiren empleó la siguiente analogía para explicar el daimoku o "Gran Título" y cómo este actúa: "Cuando canta un pájaro enjaulado, las aves que vuelan en el cielo sienten un llamado y se reúnen a su alrededor. Y cuando las aves lo rodean, el pájaro busca la libertad". Entonar Nam-myoho-renge-kyo es convocar el nombre de la naturaleza de Buda que yace en nuestro interior y en el de todos los seres vivos. Es un acto de fe en esa naturaleza de Buda universal e implica la acción de disipar la oscuridad fundamental de la vida, que es nuestra incapacidad de reconocer la verdadera naturaleza iluminada que poseemos. Es esa oscuridad fundamental, o ignorancia, la que nos hace experimentar los ciclos del nacimiento y de la muerte como sufrimientos. Cuando hacemos surgir la esplendorosa vida iluminada que existe en cada uno de nosotros, sin excepción, y nos basamos en ella, ni siquiera los sufrimientos más fundamentales e ineludibles de la vida y la muerte se viven dolorosamente. Por el contrario, se pueden transformar en las virtudes de eternidad, felicidad, verdadera identidad y pureza.
C. S.: A primera vista, esta parecería ser una más de las enseñanzas surgidas en el Japón en la era de Kamakura que establecían una práctica única, como por ejemplo, la práctica de Dogen, que consiste en solo sentarse, o la de Honen, en entonar la oración de la Tierra Pura (Nembutsu).
D. I.: Como verá, existe una aparente similitud entre esas prácticas y la práctica de Nichiren de entonar el título del Sutra del loto. Creo que tales semejanzas podrían atribuirse a una respuesta generalizada, consciente o inconsciente, a las condiciones y desafíos propios de la conflictiva era de Kamakura, momento en que el Japón estaba sufriendo una transición hacia un sistema político centrado en los samuráis. La práctica Zen de sentarse es representativa de la clase de jiriki o "poder propio", que no recurre a ninguna verdad absoluta o entidad fuera de uno mismo. Por otro lado, la entonación del Nembutsu, que se ofrece al buda Amida en quien se busca la salvación, es típica del enfoque tariki, o "poder de otro". Inspirándose en las enseñanzas del Sutra del loto, Nichiren declaró que era más atinado evitar centrarse demasiado en el propio poder o en el de otro. La práctica de Nichiren de entonar Nam-myoho-renge-kyo nos lleva a descubrir un poder y una sabiduría que existen dentro de nosotros y que, a la vez, nos trascienden, pues abarcan tanto la práctica del poder propio como la del poder de otro.
C. S.: En cierto sentido, usted sugiere que representa lo mejor de ambos aspectos.
D. I.: Así es, y, como el enfoque de Nichiren es a la vez accesible y práctico, permite que las personas comunes empleen el inagotable manantial de fuerza y de sabiduría que poseen de manera inherente. Es una práctica que nos fortalece y nos brinda el coraje para vivir una vida victoriosa en medio de las terribles realidades de esta época de conflicto y de antagonismo. Por ello, tengo absoluta convicción de que puede jugar un papel vital en el proceso de señalar un camino positivo para la humanidad.
C. S.: Los creyentes en el budismo de Nichiren entonan el daimoku para lograr sus objetivos: una carrera exitosa, buena salud, un buen matrimonio, incluso, la paz del mundo. Sin embargo, desde un punto de vista puramente tradicional, orar por la satisfacción de los deseos mundanos en lugar de luchar para trascenderlos podría parecer una traición a la doctrina budista básica. ¿No sería eso una contradicción?
D. I.: Si usted piensa que el propósito de la religión es la felicidad, de hecho, no existe contradicción alguna. El ideal del budismo Mahayana es el logro de la felicidad para uno mismo y para los demás. En ninguna parte está este principio tan plenamente establecido como en el Sutra del loto, que reconoce la naturaleza de Buda en todos los seres humanos, hombres y mujeres, cualquiera fuere su condición o nivel educativo. El sutra declara que todas las personas, más allá de su origen étnico o cultural, y su clase social o económica, pueden lograr la iluminación. Nuestra recitación del título del Sutra del loto es una manera de renovar nuestro juramento de vivir de acuerdo con ese principio.
C. S.: Aun así, la tradición budista, incluso la tradición Mahayana, se ha centrado más bien en una concepción monástica de la iluminación. ¿Puede usted percibir algún indicio de reforma populista en el Sutra del loto?
D. I.: El Sutra del loto no niega la validez de la práctica monástica o de la postura de quienes realizan su práctica en un lugar propicio para superar los impulsos ilusorios y alcanzar un estado espiritual apacible. El problema surge cuando la práctica termina siendo un fin en sí misma en lugar de un medio para ingresar en la senda de la sabiduría. Nichiren fue el primero en hacer que el logro de la sabiduría a través de la fe fuese algo al alcance de todas las personas. Al seguir sus enseñanzas, resulta posible utilizar cualquier circunstancia de la vida, sea de regocijo o de dolor, como una oportunidad de desarrollar aun más la propia sabiduría innata. Cuando Nichiren declara que los deseos mundanos conducen a la iluminación, está describiendo el proceso por el cual incluso las personas comunes que viven sumidas en los impulsos ilusorios y los deseos mundanos pueden manifestar su más elevada sabiduría.
C. S.: Sigo pensando que a muchas personas que no practican el budismo de Nichiren les resultará difícil comprender que orar por la concreción de los deseos mundanos conduce a la iluminación.
D. I.: Bien, en primer lugar, creo que es importante que todos los budistas, incluso los miembros de la SGI, comprendan que Nam-myoho-renge-kyo no es una fórmula mágica que se debe recitar para hacer realidad los deseos. Es una práctica que expresa nuestra fe en la verdad y pone nuestra vida en sintonía con esa verdad. Es un camino para trascender el llamado "yo inferior", que se encuentra sometido a los deseos y atormentado por los impulsos ilusorios. Se trata de un proceso de aprendizaje que, al transformar nuestra vida, nos permite manifestar nuestro yo superior y hacer surgir la sabiduría de Buda y la capacidad de concretar la propia felicidad y la de otras personas. En sus comienzos, la Soka Gakkai solo recibió el desprecio y las burlas de la sociedad japonesa, que se complacía en señalarla como una reunión de pobres y de enfermos. Sin embargo Josei Toda, mi mentor, consideró esa circunstancia un motivo de orgullo y declaró con gran convencimiento: "La verdadera tarea de la religión es brindar sostén a los pobres y a los enfermos. Tal es el propósito del budismo. La Soka Gakkai es aliada y amiga de la gente común, de los que sufren. Por más que nos desprecien, seguiremos luchando por el bienestar de esas personas". Frente a la devastación del Japón de posguerra, Josei Toda estaba seguro de que, a los ojos del Buda, esa era la acción más noble para emprender. Además, el Sutra del loto no niega el valor de los beneficios mundanos. Al impulsar a las personas a practicar con la expectativa de obtener esos beneficios, las enseñanzas del Sutra del loto establecen un modo de vida basado en la fe, y, mediante esa fe –desarrollada paso a paso, cualesquiera fueren las circunstancias en que nos encontremos al iniciar este camino y sean cuales fueren las aflicciones que nos agobien—, ingresamos en el camino de la sabiduría. Cuando creemos en este sutra, que enseña la iluminación universal, y purificamos nuestra mente, podemos armonizar nuestras acciones diarias con el espíritu esencial del budismo. En el Sutra del loto y en las enseñanzas de Nichiren, no existe una separación esencial entre la iluminación y la vida de la gente común.
C. S.: Estudiosos occidentales han observado que Nichiren fue el primer líder budista que habló con esclarecimiento e instó a los dirigentes japoneses a abrazar el Dharma y aplicarlo en la sociedad. ¿Qué fue lo que inspiró a Nichiren, con riesgo de su vida, a dar un paso tan audaz como el de propugnar una visión budista de la sociedad, en un país donde justamente la religión cumplía el papel tradicional de apoyar la estructura de poder existente en lugar de ponerla en tela de juicio?
D. I.: Es cierto que en Japón se pretendía que la religión respaldara a los que estaban en el poder. La postura totalmente distinta de Nichiren es una clave para comprender su personalidad. Nichiren sentía una profunda conmiseración por los sufrimientos del pueblo y consideró su responsabilidad hacer algo acerca de ello. Su empatía y absoluto compromiso con la transformación social son la esencia de todas sus acciones. El siglo XIII en el Japón de la era de Kamakura fue una época terrible. La vida de la gente se veía constantemente amenazada por terremotos, sequías y otros desastres naturales; asimismo, se multiplicaban la hambruna, las pestes y los conflictos armados. Pero ni las autoridades políticas ni las religiosas de entonces fueron capaces de ver más allá de su apego a su propio poder y posición, para realizar alguna acción efectiva. Como resultado, se adueñó del pueblo un agudo sentimiento de impotencia y desesperación. Debido a su naturaleza, Nichiren era incapaz de volver las espaldas al sufrimiento de otros. De modo que se pronunció a viva voz, con lo que inició una batalla de ideas que desafiaron el orden existente.
C. S.: Eso parece muy arriesgado.
D. I.: Lo fue. Pero Nichiren comprendió los riesgos. En 1260, presentó su tratado Rissho Ankoku Ron (Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra) a la más alta autoridad de facto del Japón, el regente retirado Hojo Tokiyori. Lo hizo así, porque estaba convencido de que, en una sociedad feudal, era esencial cambiar la mentalidad de quienes se situaban en la cúspide del poder. En los años siguientes, pese a las persecuciones y a las constantes amenazas de asesinato o ejecución, Nichiren mantuvo férreamente su independencia e insistió en amonestar a las autoridades. Por entonces, logró numerosos adherentes entre las filas del pueblo, mediante su enseñanza de que la felicidad en este mundo era en verdad posible. Pero, por supuesto, su influencia sobre los sectores oprimidos de la sociedad fue percibida por los poderosos como una amenaza. Nichiren ya había previsto todo eso con claridad, y sus escritos registran con enorme franqueza las dudas y preguntas que lo asaltaron tempranamente en su lucha, cuando se interrogaba si debía o no dejar oír su voz. En un momento dado, le admitió a un discípulo: "Yo, Nichiren, soy la única persona en todo el Japón que lo comprende. Pero si digo una sola palabra al respecto, con toda seguridad seré censurado por mis padres, hermanos y maestros, y el gobernante del país tomará medidas contra mí. Por otro lado, sé muy bien que si no digo lo que debo, estaré actuando sin benevolencia". Luego de un proceso de intensas cavilaciones, Nichiren recordó las palabras del Sutra del loto, que instaban a la propagación de la enseñanza después de la muerte del Buda; entonces, realizó el solemne juramento de transformar la sociedad y contribuir a que todas las personas vivieran una existencia feliz.
C. S.: ¿De qué manera mantiene la Soka Gakkai el legado de Nichiren?
D. I.: Los primeros líderes de la Soka Gakkai, Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda, fueron educadores que se esforzaron por promover innovaciones en las prácticas educativas del Japón. El señor Makiguchi se convirtió al budismo de Nichiren en 1928, dos años antes de fundar la Soka Gakkai; y el señor Toda abrazó la fe en el budismo muy poco tiempo después. Tal como lo hizo Nichiren, ambos se consagraron a la felicidad de la gente común, que luchaba por una vida mejor. Durante la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, debieron enfrentar persecuciones, cuando se opusieron al fascismo del Japón militarista y criticaron el uso que el Estado hacía del sintoísmo para unificar espiritualmente a la población y lograr apoyo a sus proyectos bélicos. Debido a la resistencia que opusieron, ambos fueron arrestados y enviados a prisión. En 1944, el señor Makiguchi falleció en la cárcel a causa de una extrema desnutrición. Tenía setenta y tres años. Cuando el señor Toda fue liberado, se dedicó a reconstruir la organización en medio de la devastación provocada por la derrota de la guerra.
C. S.: Pero no fue solo el gobierno militarista el que se opuso al mensaje de paz y de inclusión absoluta de la Soka Gakkai, ¿verdad?
D. I.: Sí, es cierto. Durante los casi siete siglos transcurridos después de la muerte de Nichiren, el budismo establecido por él comenzó a apartarse de los intereses y las preocupaciones de la gente común. Hubo momentos en que fue incluso interpretado como una enseñanza extremadamente nacionalista. El señor Makiguchi redescubrió el budismo de Nichiren como una religión dedicada a la felicidad de todas las personas. Se dedicó a promover esa clase de felicidad, desde los cimientos de la sociedad, mediante la reforma de las prácticas educativas dentro del Japón. Con el tiempo, sus objetivos se expandieron para compartir la práctica con gente de las más diversas extracciones, como una manera de transformar la vida de las personas y así, de la sociedad en su conjunto.
C. S.: Pero ¿acaso no se fusionó el budismo de Nichiren, como lo hicieron prácticamente todas las demás escuelas de budismo japonés, para apoyar las intenciones bélicas de entonces, tal como lo exigía el gobierno?
D. I.: Durante los años de furia militarista dentro del Japón, el clero de la Nichiren Shoshu, al que Makiguchi estaba asociado, cedió a las presiones de las autoridades políticas. Por ejemplo, los sacerdotes aceptaron modificar o directamente eliminar pasajes de los escritos de Nichiren que las autoridades consideraron problemáticos. En contraposición, el señor Makiguchi mantuvo la intención original del budismo de Nichiren, una filosofía humanística dedicada a la felicidad del pueblo, y murió en prisión, como resultado de ello.
C. S.: ¿Diría usted que el humanismo moderno y global de la Soka Gakkai de posguerra nació de la resistencia de Makiguchi a la guerra?
D. I.: Sí, aunque "se inspiró en" sería una manera más adecuada de expresarlo, ya que la lucha del presidente Makiguchi para preservar los valores humanísticos se yergue como un ejemplo imperecedero para nosotros. Fue su discípulo Josei Toda quien, luego de sobrevivir a su experiencia en el presidio, definió realmente lo que hoy podemos reconocer como "budismo moderno". En la cárcel, el señor Toda emprendió con alma y vida la difícil tarea de leer el Sutra del loto, y alcanzó la reveladora comprensión de que el Buda no es otra cosa que la vida misma. Personalmente, tengo el convencimiento de que esa comprensión posee una profunda importancia dentro de la historia del budismo. A través de su despertar en prisión, el señor Toda desarrolló una manera universal de expresar el mensaje más esencial del Sutra del loto, de un modo que resultara accesible a la humanidad contemporánea, reviviéndolo como algo realmente potente y significativo para la vida cotidiana en el mundo moderno, más allá de las diferencias de raza, religión o cultura. Josei Toda estaba convencido de que la Soka Gakkai había heredado la misión de propagar ampliamente el budismo de Nichiren para lograr la paz en la sociedad y convirtió esa certeza en la auténtica identidad de la organización. Aunque él nunca viajó fuera del Japón, siempre se preocupó profundamente por la paz del mundo. En setiembre de 1957, justo seis meses antes de su muerte, Josei Toda realizó su histórico llamado a la prohibición de las armas nucleares, a las que denunció como el mal absoluto que amenazaba el derecho de la humanidad a la existencia. De ese modo, él buscó transmitir el compromiso que el Sutra del loto establecía con la dignidad suprema de la vida y con la paz global. Tengo la convicción de que los esfuerzos del señor Toda han contribuido grandemente a la labor de universalizar el budismo de Nichiren.
C. S.: Pero no fue Toda quien transformó la Soka Gakkai en una organización global. Ha sido usted quien llevó a cabo la misión de fundar la Soka Gakkai Internacional, ¿estoy en lo cierto?
D. I.: Como tercer presidente de la organización, he recibido una profunda inspiración de mis predecesores. He sentido la poderosa necesidad de universalizar y de asegurar el florecimiento imperecedero de las enseñanzas. Pocas semanas antes de morir, en abril de 1958, el señor Toda me llamó a su lado y me dijo que había soñado con ir a México, y que había gente allí esperando aprender sobre el budismo. En cuanto a las enseñanzas, he tratado de separar aquellos elementos de la interpretación tradicional del budismo de Nichiren que ponen más el acento en las circunstancias culturales e históricas del Japón que en el mensaje esencial subyacente. Para ello, he entablado diálogos con innumerables personas de todo el mundo, para refinar y universalizar la expresión de mis ideas. Puesto que estoy convencido de que todas las culturas y religiones son la expresión de profundas verdades humanas, me refiero con mucha frecuencia a tradiciones filosóficas que no son budistas, empleando ideas provenientes de la literatura, el arte, la ciencia y la medicina, y compartiendo con la gente, incluidos los miembros de la Soka Gakkai, las sabias palabras y concepciones de pensadores de los más diversos orígenes culturales y religiosos.
C. S.: Recuerdo que en su libro sobre la Soka Gakkai, el académico norteamericano Richard Seager destacaba con sorpresa que no se veían imágenes o íconos budistas tradicionales en el campus de la Universidad Soka de Japón o en la de los Estados Unidos, aunque sí había encontrado estatuas de Victor Hugo y de Walt Whitman.
D. I.: El filósofo británico Alfred North Whitehead (1861-1947) escribió lo siguiente sobre la religión: "Los principios [religiosos] pueden ser eternos, pero su expresión requiere un continuo desarrollo". Para mí, eso es especialmente cierto tratándose del budismo, una filosofía de vida dinámica que responde al anhelo inmutable de paz y de felicidad que ha alentado el género humano a lo largo de su historia y de sus tradiciones. Por eso es tan crucial el diálogo entre culturas para el desarrollo del budismo en el próximo milenio. Manteniéndose siempre fiel a su esencia, esta filosofía debe efectuar hallazgos, aprender y evolucionar. En ese sentido, tengo la certeza de que la labor de redescubrimiento, purificación y universalización que la SGI ha emprendido como misión fundamental es la mismísima esencia del budismo.
C. S.: Usted ha reorganizado las enseñanzas del Sutra del loto en términos de un proceso que denomina "revolución humana". La segunda palabra de ese concepto expresa su filosofía del humanismo budista. Pero tenemos también el término "revolución". ¿Cuáles son algunos de los aspectos más revolucionarios del budismo que enseña la SGI, y de qué manera el humanismo religioso motiva esa clase de revolución?
D. I.: El budismo es en esencia revolucionario. No puedo imaginar nada más radical que la iluminación. Es tanto un retorno a nuestro estado más natural como un cambio sumamente dramático. Cito palabras de Nichiren: "Sin duda, hay algo extraordinario en el flujo y el reflujo de las mareas, en el recorrido de la luna desde que asoma hasta que se pone, en la forma en que el verano, el otoño, el invierno y la primavera se suceden unos a otros. También ocurre algo inusitado cuando una persona común logra la Budeidad". Fue el presidente Toda quien difundió ampliamente la expresión "revolución humana". Es una manera de denominar el concepto de la iluminación en un lenguaje contemporáneo. En el budismo de Nichiren, la iluminación siempre impacta en el medio social. A través de una transformación espiritual interior, las personas pueden despertar a un genuino reconocimiento de la dignidad de la vida. Y eso es algo totalmente contrapuesto al desinterés y la desconfianza que subyacen en todo lo malo que aqueja a la sociedad contemporánea. Ese cambio interior es la base para concretar tanto la felicidad individual como una sociedad pacífica. En el budismo de Nichiren, cabe insistir, ambas están profundamente unidas. Refiriéndose a las personas, el señor Toda explicaba lo siguiente: "La revolución humana no es nada especial o fuera de lo común. Puede ser algo tan simple como el caso de alguien que, habiendo sido perezoso y apático, cambia y se muestra entusiasta y comprometido. O como alguien que, sin el menor interés en aprender nada, decide dedicarse a estudiar. O bien, como una persona que habiendo luchado contra la pobreza, logra establecer una vida más estable y cómoda. La revolución humana es un cambio en la orientación básica de la vida de un individuo. Y es la transformación de la conciencia que se logra gracias a la práctica budista la que lo hace posible".
C. S.: Sí, pero esa es una concepción de la Budeidad muy diferente de la que conoce la mayoría de la gente.
D. I.: Al emplear el lenguaje de la "revolución humana", el señor Toda transformó la idea de la Budeidad, que en el Japón y en otras partes de Asia había llegado a concebirse como algo relacionado con la vida después de la muerte, y la convirtió en un objetivo claro y profundo: el de desarrollar nuestra capacidad y personalidad únicas para que rindan sus frutos en nuestra presente existencia. Creo firmemente que cuando las personas que hacen ese esfuerzo se unan y establezcan corrientes de solidaridad entre las filas del pueblo, a escala mundial, veremos abrirse un camino hacia el logro de una revolución global no violenta.
C. S.: Al final del Sutra del loto, el buda Shakyamuni declara: "Si encontráis a una persona que acepta y mantiene este sutra, debéis poneros de pie y saludarla desde lejos, mostrándole el mismo respeto que mostraríais a un buda". ¿Cómo interpreta usted esas palabras de Shakyamuni?
D. I.: Creo que ofrecen una guía certera para los creyentes budistas que viven en un mundo donde existen innumerables religiones. Nichiren afirma que los ocho caracteres chinos que se traducen como "debéis poneros de pie y saludarla desde lejos, mostrándole el mismo respeto que mostraríais a un buda" expresan la primera y más elevada transmisión de Shakyamuni –lo que él anhelaba que poseyeran como virtud quienes practicarían el Sutra del loto en el futuro, después de su muerte—. En otras palabras, lo más fundamental es nuestra acción o comportamiento como seres humanos, nuestra capacidad de experimentar genuino interés por una persona y de atesorarla. Hay un capítulo en el Sutra del loto dedicado al bodhisattva Jamás Despreciar, quien saludaba reverentemente a cada persona que encontraba en su camino con estas palabras: "Siento profundo respeto por vosotros. Jamás osaría trataros con desprecio o arrogancia ¿Y por qué? Porque todos estáis practicando el camino del bodhisattva y sin falta obtendréis la Budeidad". He ahí un ejemplo concreto de interacción con los demás que debemos seguir como budistas modernos que vivimos en una era de conexión entre todas las naciones, marcada por cuestiones que nos atañen a todos de manera global. Según las enseñanzas del budismo Mahayana, el período en que estamos viviendo se denomina Último Día de la Ley, una época de discordia, signada por los conflictos. La única manera de resistir y contrarrestar las turbulentas corrientes de una época como la nuestra es la sólida fe en la naturaleza de Buda de uno mismo y de los demás. Y el modo de poner esto en práctica es el respeto que podemos ofrecerles a nuestros semejantes.
C. S.: Hoy casi no existe algo así en las relaciones internacionales, aunque siempre hay esperanza para el futuro.
D. I.: Por cierto que la hay. Y el budismo puede ofrecer muchas maneras de cultivar esa clase de esperanza. Creer en uno mismo y en los demás, y tratar a nuestros congéneres como trataríamos a un buda es la práctica que despierta la naturaleza de buda que reside en nuestro interior y la hace surgir. Es entonces cuando la propagación franca y directa promovida por Nichiren cobra su verdadera importancia. Precisamente, porque somos capaces de tener fe en la naturaleza de Buda de la otra persona, podemos extraer la misericordia desde nuestro interior y, con el deseo de que todos logren la felicidad, entablar un proceso de diálogo profundo y considerado con los demás. Tal es el verdadero espíritu de la propagación: difundir el Budismo de un individuo a otro. Ello implica antes que ninguna otra cosa, construir la confianza y la amistad a través del diálogo respetuoso y constante con otras personas. Todos estamos dotados de igual manera de la capacidad inherente de respetar a otros; esa aptitud es fuente de esperanza inextinguible, porque corporifica una verdad universal que trasciende lo específico de los credos religiosos. El respeto que ofrecen los budistas a otras personas se brinda en virtud de la humanidad que los demás poseen, sin que importen sus creencias religiosas. Nichiren lo describió con una metáfora poética, diciendo que, cuando nos inclinamos ante un espejo, la imagen reflejada en este se inclina a su vez con reverencia ante nosotros. Ese es el verdadero espíritu del budismo y, sí, una razón para la mayor de las esperanzas
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